17 de octubre de 2026 · 1 min de lectura
Puedes perdonarte.
Puedes perdonarte la impericia, porque es muy probable que no logres aterrizar ese avión. Puedes perdonarte la ignorancia. Hay mucho más de lo que no sabes que de lo que sí, y constantemente vas a yarte atrapado en ese laberinto.
Puedes perdonarte tu debilidad. Chocar de frente contra ese árbol puede destruirte. Puedes perdonarte el miedo que te aturde y que te maniata.
Puedes perdonarte la duda, ¿por qué quién no dudó de sí mismo frente a largo abierto? Puedes perdonarte los errores en los que caíste, pero no vuelvas a jugar sin apostar. Puedes perdonarte el error que estás cometiendo justo ahora porque habrás de saber que estás en un error hasta mañana.
Y puedes perdonarte los errores que vienen, porque tienes que arriesgar. Lo que no puedes perdonarte y leeme bien, es llegar tarde. Llegar tarde es cobarde y bajo, irresponsable y vil, estúpido y maleducado.
Allá en donde eres requerido, allá en donde quieres estar, o allá en donde es tu deber ir, debes llegar a tiempo.
Solo así, lo que habrá de pasarte, tiene posibilidades de ocurrirte.