2 de mayo de 2023 · 1 min de lectura
Creer.
Hay que entregarse por completo, inclusive para ser defraudado. Hay que correr el riesgo de cerrar los ojos y poner en otros la apuesta. Es más emocionante y más limpio.
De pequeños, creemos en todo y en todos, y luego crecemos y nos atacan miedos e inseguridades.
Por eso me refresca y me emociona conocer a gente que cree y me alejo de los incrédulos.
Porque los primeros le devuelven a uno el sentimiento de ser niño. Y los segundos me recuerdan la peor parte de ser adulto. Yo prefiero que me tachen de inocente. Es más, me enorgullece que lo hagan. Yo les voy a poner de frente el corazón y la mente abiertamente. Yo los voy a querer. Yo voy a correr el riesgo de desilusionarme.
Porque creer totalmente me deja sintiendo más completo y renovado que andar a medias, comprando un seguro de vida emocional por medio de críticas y cinismos.
Qué fácil es andar por la vida sin apostarle a nada.
Qué fácil es no comprometerse. Los miedosos evitan así que les rompan el corazón. Por eso es más difícil creer. Porque uno se expone a perderlo todo.
Eso sí, déjenme ser de vez en cuando visceral para sacar el coraje. Permítanme por favor un insulto momentáneo. Luego encontraré mi norte.
Y las cosas se irán acomodando.