Archivo del Autor: gonzaleznajeraemmanuel@outlook.com

Mi niña cumple seis.

Eran las ocho con cuarenta y dos minutos, hace seis años, cuando vi asomar por primera vez tu cabecita. Estabas naciendo, y el mundo, al menos para mí, se detuvo.

Yo estaba temblando. Tenía miedo, sí. Pero también estaba sintiendo una felicidad que jamás había conocido. Era una mezcla intensa: orgullo, asombro, responsabilidad… y sobre todo amor. Porque en ese instante supe que nada volvería a ser igual.

Me estaba convirtiendo en tu papá. Y eso no es solo un título, Gisselle. Es un compromiso sagrado. Es una promesa silenciosa de hacer todo lo que esté en mis manos para que seas feliz, para que te sientas amada y para que nunca te falte lo más importante.

Hoy cumples seis años. Y aunque has crecido, para mí sigues siendo mi bebé. Esa niña de cachetitos esponjosos que me derrite con una sonrisa, la que tiene mi carita (aunque tú insistas en que te pareces a tu mamá), la que me mira y me desarma.

Si pudiera, regresaría el tiempo para cargarte un poco más, verte dormir más veces, oler tu aroma de bebé con más calma… Pero el tiempo avanza, y lo único que tengo es este presente. Y en este presente te veo y me lleno de orgullo. Eres una niña luminosa, con un corazón noble y una fuerza que impresiona.

No vine a decidir por ti, vine a caminar a tu lado mientras descubres el mundo. A veces me tocará corregirte, otras solo abrazarte. Y siempre, siempre creerte

Tengo que decirte algo muy importante: tu mamá ha hecho una labor increíble. Te ha cuidado, protegido, formado con amor y entrega total. Me doy cuenta la forma en que la miras y te desvives por ella. Que nunca te quede duda de esto: para ella, tú eres su mundo entero.

Ahora empieza una nueva aventura: la primaria. Nuevos amigos, emociones, aprendizajes. Y sé que vas a brillar. Deseo que sigas siendo tú, tal cual: divertida, sensible, curiosa, valiente. Que no dejes que el mundo apague tu luz. Que sueñes en grande y que sepas que estoy aquí, siempre, para ayudarte a lograr lo que te propongas. Cada paso que doy, cada meta que me pongo, tiene tu nombre detrás. Porque quiero que algún día puedas decir con orgullo: “ese es mi papá”.

Gisselle… no hay palabra que alcance para explicar lo que siento por ti. Eres lo más hermoso que he visto. El amor más puro que he sentido. Abrazarte me reinicia, escucharte reír me revive. Ser tu papá me da sentido.

¿Sabes qué significa tu nombre?
Es una palabra antigua que quiere decir promesa.
Y cada vez que te miro, entiendo por qué ese nombre es perfecto para ti.
Porque eso eres:
Una promesa de amor incondicional.
Una promesa de que puedo ser mejor.
Una promesa de que vale la pena vivir con todo el corazón.

Eres mi promesa más grande…
y el regalo más valioso que me ha dado la vida.

Si en algún momento del camino dudas de ti, recuerda esto:
Yo te veo. Te creo. Y te amo con todo lo que tengo

Y si hay otras vidas, te buscaré en todas.

En este universo inmenso y en esta vida que va tan rápido, quiero que lo recuerdes: te amo con todo lo que soy. Hoy, mañana, siempre.

Feliz cumpleaños, mi niña grande.

No ser recordado.

Nos cuesta aceptar que somos pura contingencia. Que no hay un plan mayor, ni un propósito escondido. Que nuestro paso por el mundo es una excepción fugaz en el flujo indiferente del tiempo. Seremos olvidados, no por error, sino por estructura. Lo que no se actualiza, desaparece. Y lo que permanece, pierde sentido.

Desde niños nos instruyen en la idea de trascendencia: dejar huella, hacer historia, tener un legado. Pero tarde o temprano uno empieza a intuir que el mundo no espera nada. Que la existencia no está diseñada para reconocer ni premiar a nadie. Y que eso no es injusto: simplemente es.

No quedará tu obra. Ni tus ideas. Ni los detalles que creíste importantes. Incluso quienes te amaron con fuerza dejarán de repetirte. No por crueldad, sino porque la memoria es biodegradable. Y cuando eso pase, todo continuará. Sin interrupciones. Sin preguntas. Sin sobresaltos.

Y entonces se revela lo insoportable: no hay un testigo último. Ninguna conciencia recogerá tus restos simbólicos. Todo lo que fuiste — deseos, errores, intuiciones — se disolverá sin drama. Serás apenas una idea entre muchas que se agotó. Una página sin lector. Un espectáculo sin público.

No tiene por qué importarte, pero no serás recordado. No dejarás señal. No hay promesa. No hay deuda. Hay solo esto: haber sido, por un instante, en medio del ruido cósmico. Y luego, nada. Como debe ser.

El ruido en mi cabeza.

Pienso mucho en mi yo de niño.

En mi infancia, y no hay un solo día no quisiera regresar y hacer -con la experiencia de hoy- las cosas diferentes.

Pienso en un papá que nunca fue papá, y que prefirió irse con otras mujeres antes de ayudar y atender a mamá y jugar con su hijo. Siendo yo papá y conociendo el amor hacia un hijo, nunca podré entenderlo. Y lamento la falta de esa figura paterna que seguro, se hubiera vuelto importante unos años después.

Pienso en un niño que se enteró que su nombre es Margarito, justo en la escuela, no solo viendo la cara de sorpresa de todos por un nombre tan poco común, si no por su PROPIA cara de asombro, porque a el nadie le aviso ese momento podría pasar, enterarte tienes un nombre digno de burla, por alguien más, y que te tome desprevenido, fue tal vez el único momento de mi primera infancia recuerdo: las risas y la burla al pase de lista. Claro, esas risas persistieron y evolucionaron en todos los grados escolares, trabajos, amistades, y hasta alguna que otra pareja. En algo que no elegí tener, el mundo me señaló y me juzgo por un nombre propio.

Pienso en el niño no se atrevía a pedir un juguete, porque temprano, muy temprano se enteró y fue consciente de que el dinero no sobraba en casa. Ahogaba los deseos naturales de un niño solo quería el juguete de moda, pero que lamentablemente nunca lo expresó, por pena y miedo.

Pienso en un niño que amenazaban siempre con llevarlo a escuela o campamento militar, solo porque no obedeció alguna instrucción en casa. Al que le dejaron el ojo morado porque en la oficina donde mamá trabajaba, se le cayó el chocolate en la oficina del “gran jefe” y ella no controló su enojo. Pienso en esa oficina que sustituía a una guardería, y donde me tenía que comportar como un adulto educado, teniendo menos de diez años. Guardando silencio, ojeando revistas, no tocando nada, manteniendo postura firme y educada, haciendo a un lado todos mis deseos de correr, gritar y de jugar.

Pienso en una familia racista, y lo entiendo, un racismo que venía de un dolor propio, y donde era más fácil juzgar y criticar a la gente avanzaba, que reconocerla y copiarles, aprendí a tenerle rencor o simplemente disminuir el mérito los demás tenían en sus logros, era enojo familiar mal canalizado.

Pienso en el niño que la primera vez reprobó, su madre se decepciono tanto que pensó era un error del profesor y se paró en el salón a reclamar, cuando reprobar es algo natural y puede ser tratado de mil maneras, a mi me hizo sentir avergonzado, y me genero la ansiedad por no equivocarme jamás.

Pienso en el niño que un día no vio el reloj, y que teniendo 12 años y jugando a Pokemon, se regreso a casa y le espero la golpiza de su vida por haber ignorado la hora de ya “meterse”

Pienso en el niño que lo dejaban comer como un adulto, y que nunca le enseñaron a medirse con la comida, y donde el ejercicio y el bienestar era simplemente algo inexistente en los valores de la casa, una casa donde nos acostumbramos literalmente a comernos nuestros sentimientos.

Pienso en ese adolescente al que le hacían en Bullying más terrible, donde me tiraban el lonche, donde se burlaban si sacaba reconocimientos, estar entre la espada y la pared de saber que si por un lado triunfaba en las materias: me iba mal con los mismos compañeros, pero era eso, o que me fuera mal… en casa. No tenia para donde hacerme.

¿El rincón favorito?, la biblioteca, donde tenia cierta inmunidad porque ahí los Bullies no entraban, digo, eran tontos pero no tanto como para dejar su receso en una biblioteca. Ahí comía a salvo, mientras leía y leía en silencio, conmigo mismo.

Pienso en esa escuela que permitió me tiraran el lonche, lo escupieran, o se lo robarán, esos maestros acompañaban la risa junto con mis compañeros, pienso en ese maestro de educación física me hacía quitarme la camisa para dar el ejemplo de “como era NO estar saludable y en forma”. Pienso en que me hubiera gustado alguna vez disfrutar la escuela sin tener la presión de todo el mundo.

Pienso en el niño que cuando la escuela le reconocía su mérito académico en las tradicionales asambleas, y mi nombre completo se mencionaba, mientras a todos los llenaban de aplausos y era algo de orgullo, para mi era una ansiedad terrible, y solo recibía burlas.

Pienso en ese adolescente le empezó a llamar la atención alguna chica, y por supuesto no tenía los elementos y la confianza para acercarse a ellas, menos, un papá que me aconsejará no solo en esos temas, si no uno con el cual revisar el carro, manejar, hacer ejercicio, jugar algún deporte.

Pienso en lo feliz me hacía jugar futbol, aunque en casa dijeran era un deporte de “nacos”.

Pienso en una mamá cansada y triste, deprimida y enojada con la vida, a la cual no supe cómo ayudar porque tal vez, ni me correspondía. Una madre que me culpo por no volver a tener pareja.

Pienso en un tio que se acercó pensando en ser una figura paterna, y simplemente terminó decepcionándome y lastimándome.

Pienso en las veces en las que 50 pesos, es todo lo que había para el día, y recuerdo bien cuando el auto nos dejaba por no tener gasolina, siempre me la pasaba viendo el indicador de gasolina en todos los viajes, jamás veía el paisaje.

Pienso en que siempre quise pertenecer a un equipo de futbol como lo hacían mis compañeros, y nunca pude hacerlo.

Pienso en que mis tenis y mi ropa duraba poco, y jamás eran de marca reconocida, y que ningún adulto vino y me dijo a tiempo que eso realmente no era importante.

Pienso mucho en las vacaciones jamas tuvimos en casa, la simple salida al cine que por más quiero recordar, creo no existe.

Pienso mucho la primera vez que en primaría me atreví a decir, “no entiendo” y todo mundo se burló de mi, jamás volví a preguntar alguna duda.

Pienso mucho en la enseñanza de una fe, que simplemente servía para pedir, y muy poco para dar.

Pienso mucho en mi tía Norma, quien siempre me trato con amor y no quería irme de su casa Jamás, pienso mucho en mi primo Ivan, al que no le importaba mi vida tan distinta, compartía con emoción sus juguetes caros conmigo, lo más cercano a un hermano.

Pienso mucho en el señor de la biblioteca, me defendía y me cuidaba de los demás.

Pienso mucho en ti, un niño y Jovencito asustado, lleno de ansiedad, miedo y pena todo el tiempo. Te reconozco, te entiendo y me dueles. Aunque nadie te haya reconocido, entendido y abrazado tu dolor.

Yo, yo te quiero.

Siempre buscando como abrazarte.

La carta de regina.

Del año 2015…

Hola Emmanuel,

¿Cómo te va?

Necesito una opinión muy objetiva y creo que eres la persona indicada para ello.

Siempre fui una alumna destacada pero nunca supe exactamente lo que quería estudiar. Lo que sí sabía es que soñaba con hablar inglés. Consideré estudiar leyes, idiomas o algo administrativo. Escogí lo fácil, porque aunque no sea tan bien pagado, trabajo de contador o auxiliar administrativo siempre hay. También comencé a estudiar inglés y me gustó.

Ya estando en la universidad, surgió mi deseo por trabajar en una empresa trasnacional y tener la oportunidad de viajar por negocios. Confío en mi capacidad para poder lograr esos objetivos. El trabajo en el que actualmente estoy es “estable” pero no es lo que amo. Definitivamente no lo es.

No he buscado la oportunidad en otro trabajo, tal vez por miedo, inseguridad y porque sé que necesito más herramientas. En mi trabajo contratan jóvenes que hablen inglés, que hayan estudiado mínimo en el Cetys, algunos con maestría y bueno, ha habido uno que otro del Tec de Monterrey. Ni los ponen a prueba. En automático los capacitan para funciones de mayor jerarquía, como ejecutivos comerciales donde visitan clientes y viajan, algo que a mí me gustaría.

Pensando mucho las cosas, leyendo sobre las empresas, veo que cada vez necesitas más herramientas, como una maestría e inglés. Busqué becas para el extranjero, pero nunca encontré una que realmente cubriera mis necesidades. Siempre es estudiar sin posibilidad de trabajar para poder pagar tus necesidades básicas. Encontré una manera más fácil para mis posibilidades económicas. Irme de au pair a Estados Unidos. Ese es mi plan desde hace un poco más de 1 año.

Mis papás están decepcionados. Ellos obviamente influyen completamente en mis decisiones, pero quiero crecer y encontré esta oportunidad. Obviamente sé que no es lo mejor ya que tengo veinticuatro años, dos carreras y muchas ganas de triunfar profesionalmente. Pero quiero vivir el inglés a diario, quiero conocer otra cultura y tengo la oportunidad de tomar cursos en una universidad de Estados Unidos. De hecho mi host family me requiere en Julio. Viviría en Washington, cerca de Georgestown. No sé qué hacer, me mueve mucho todo lo que mi familia me dice, tengo opiniones encontradas.

Un día leí algo que escribiste…Un hombre de verdad…creo que así era el artículo. Mencionabas que lo que se espera es que estudies, termines tu carrera, te compres tu automóvil, te cases, tengas hijos. Pero mi sueño no es casarme. Quiero un automóvil, pero es algo material, nada imposible conseguirlo. Pero la experiencia, la vida en otro país, me come la duda, me dan ganas de tomar el reto, pero no sé si sea la mejor manera.

A veces creo que hay un poco de razón en lo que me dicen mis papás de que es un poco humillante irme de niñera cuando aquí podría trabajar de lo que estudié, que si quería ser niñera pues que mejor no hubiera estudiado. Es extraño porque ya tengo dos años de egresada y detendría por un año mi avance profesional.

Definitivamente tengo que buscar las oportunidades por lo cual considero buena opción irme a Estados Unidos, practicar inglés, traer una mentalidad diferente y sentirme segura de lo que quiero. Pero también sé que hay personas que no han necesitado irse a Estados Unidos de niñeras para conseguir “el trabajo de sus sueños” a su regreso a México.

No sé si sea la edad, la etapa en la que estoy, pero TENGO MIEDO, no sé si en verdad me estoy equivocando, desviando del camino o simplemente soy un ser humano más que está buscando el medio, no importa cómo sino el porqué.

Y básicamente es eso… no sé qué hacer

Siempre he considerado que eres una persona inteligente y digna de admirar. Eres joven y se nota que muy obstinado. Has convivido con muchas personas diferentes por tu trabajo y por ello creo que tú podrías darme una excelente opinión.

– Regina


Esa misma noche respondí.

Hola Regina,

Siempre fui una alumna destacada pero nunca supe exactamente lo que quería estudiar. Lo que sí sabía es que soñaba con hablar inglés.

Uno es lo que sueña. En lo que piensa todo el tiempo. Lo demás es negación. Y miedo.

Consideré estudiar leyes, idiomas o algo administrativo. Escogí lo fácil, porque aunque no sea tan bien pagado, trabajo de contador o auxiliar administrativo siempre hay. También comencé a estudiar inglés y me gustó.

Esta es tu segunda referencia al idioma. Todo lo demás es negación. “Trabajo siempre hay”. ¿Qué significa eso? No me gusta. Suena dogmático pensar que por estudiar contaduría o administración uno ya tiene la vida asegurada. No es así. Además, tener la vida asegurada es lo más aburrido del mundo.

Ya estando en la universidad, surgió mi deseo por trabajar en una empresa trasnacional y tener la oportunidad de viajar por negocios. Confío en mi capacidad para poder lograr esos objetivos. El trabajo en el que actualmente estoy es “estable” pero no es lo que amo. Definitivamente no lo es.

La estabilidad tal vez – y digo “tal vez” porque aún no lo creo – es algo bueno a los cuarentas, cincuentas, cuando las rodillas ya no dan para mucho, cuando el espíritu ha sido machacado. Pasar los veintes y los treintas preocupados por el AFORE y el IMSS es un crimen.

No he buscado la oportunidad en otro trabajo, tal vez por miedo, inseguridad y porque sé que necesito más herramientas. En mi trabajo contratan jóvenes que hablen inglés, que hayan estudiado mínimo en el Cetys, algunos con maestría y bueno, ha habido uno que otro del Tec de Monterrey. Ni los ponen a prueba. En automático los capacitan para funciones de mayor jerarquía, como ejecutivos comerciales donde visitan clientes y viajan, algo que a mí me gustaría. Pensando mucho las cosas, leyendo sobre las empresas, veo que cada vez necesitas más herramientas, como una maestría e inglés.

He tenido la oportunidad desde hace muchos años de convivir con universitarios de escuelas públicas y privadas de todo el país. La única diferencia directa que he encontrado entre egresados de una u otra modalidad es que los últimos simplemente creen que pueden hacerlo y tenerlo todo. Sus universidades les han inculcado artificialmente una actitud donde les dicen que son chingones. Y cuando alguien te repite que eres chingón todo el tiempo terminas creyéndolo. Por el contrario, si tú repites y permites que te repitan que “todavía no eres chingona porque te hacen falta más y más y más y más herramientas” lo incorporarás en tu actitud y se notará. Cuando uno cree ser sexy aunque no lo sea, la gente lo percibe así. Y al revés también. Por eso hay chicas guapas que no creen ser guapas y tipos talentosos que no creen ser talentosos: se han repetido hasta el cansancio que son otra cosa. Recomendación directa: deja de decirte que te faltan herramientas. Lo que suele hacer falta es actitud y determinación.

Busqué becas para el extranjero, pero nunca encontré una que realmente cubriera mis necesidades. Siempre es estudiar sin posibilidad de trabajar para poder pagar tus necesidades básicas.

Leo esto y entiendo “quiero quiero quiero quiero quiero quiero irme al extranjero”. Vete al extranjero.

Encontré una manera más fácil para mis posibilidades económicas. Irme de au pair a Estados Unidos. Ese es mi plan desde hace un poco más de 1 año.

“Y en serio quiero quiero quiero quiero quiero quiero quiero quiero quiero irme al extranjero como sea”. Vete al extranjero.

Mis papás están decepcionados. Ellos obviamente influyen completamente en mis decisiones, pero quiero crecer.

En este momento son tus papás a los que usas como excusa para no irte. En cinco años serán tus hijos o tu esposo. Y así. Siempre habrá alguien que encontremos a mano para decir que por él o ella o ellos no hicimos lo que teníamos que hacer. Para crecer no se pide permiso.

Y encontré esta oportunidad. Obviamente sé que no es lo mejor ya que tengo veinticuatro años, dos carreras y muchas ganas de triunfar profesionalmente.

No existe “esa oportunidad” tal cual. Tú la estás creando. Ponte en el lugar correcto con la gente correcta para que las cosas que quieres que te pasen, te pasen.

Pero quiero vivir el inglés a diario, quiero conocer otra cultura y tengo la oportunidad de tomar cursos en una universidad de Estados Unidos. De hecho mi host family me requiere en Julio. Viviría en Washington, cerca de Georgestown.

“Quiero quiero quiero quiero quiero quiero quiero quiero quiero mucho irme al extranjero y hacer algo allá”. Vete al extranjero.

No sé qué hacer, me mueve mucho todo lo que mi familia me dice, tengo opiniones encontradas. Un día leí algo que escribiste…Un hombre de verdad…creo que así era el artículo. Mencionabas que lo que se espera es que estudies, termines tu carrera, te compres tu automóvil, te cases, tengas hijos.

Familia, decepción, excusas, chantaje sentimental. Cuando uno hace las cosas que tiene que hacer todo se acomoda paulatinamente. Usar frases al estilo “me mueve mucho todo lo que mi familia me dice”, “no sé qué hacer”, “estoy confundida” es una invitación a que el drama se apropie de tu situación y no te deje actuar con claridad. Define el problema, si es que en realidad existe uno. Si el problema es que tu familia va a resentir tu partida, el enfoque que te sugiero es hablar con ellos y explicar que tienes que irte porque es lo que tu alma te dicta. Que los amas. Que escribirás y llamarás. Que regresarás. Listo. Tú haz bien tu parte y si ellos no hacen bien la suya, son personas que tienen que recorrer un camino propio. Uno no puede ni debe caminar el camino de los demás.

Pero mi sueño no es casarme. Quiero un automóvil, pero es algo material, nada imposible conseguirlo.

Tú dices eso y yo leo “¿Qué otras cosas puedo encontrar para atarme aquí y no irme?” Compra un auto. Una casa. Cásate. Tal sería la receta para la inmovilidad en este momento. Chuck Palahniuk dice que las cosas que poseemos, terminan poseyéndonos. Es cierto.

Pero la experiencia, la vida en otro país, me come la duda, me dan ganas de tomar el reto, pero no sé si sea la mejor manera.

“Quiero quiero quiero quiero quiero quiero quiero quiero irme a otro país…pero tengo un poco de miedo”. Es como la primera noche en la cama con alguien. Es como el primer beso. La primera lección de manejo. La primera vez que preparas algo en el horno. Da miedo, pero entre más lo hagas, más fácil será.

A veces creo que hay un poco de razón en lo que me dicen mis papás de que es un poco humillante irme de niñera cuando aquí podría trabajar de lo que estudié, que si quería ser niñera pues que mejor no hubiera estudiado.

Hugh MacLeod dice que la mejor forma de obtener aprobación es no necesitándola. Y que esto es igualmente cierto en el arte y los negocios. Y en el amor. Y en el sexo. Y justo en todo lo demás que valga la pena tener. A los padres hay que amarlos y respetarlos pero también educarlos. Durante veinte años han vivido para decirte cómo hacer las cosas. Es un hábito que no se elimina de un día para otro. Entre más los consultes, más seguirán ellos hablando con la pequeña Regina de diez años. No con la profesional que se quiere ir a otro lado. Eso de humillarse es una tontería. Cuenta la leyenda que Jesús dijo que el servir a otros no es faena de seres inferiores.

Es extraño porque ya tengo dos años de egresada y detendría por un año mi avance profesional.

Supongamos que vas a vivir setenta años. Y que estudiaste unos buenos siete años las dos carreras y que tienes veinticinco años ahora. Es decir, que te quedan cuarenta y cinco años de vida. Y como ya estudiaste esos siete años ahora por fuerza debes dedicarte única y exclusivamente a hacer eso, aunque tu corazón te diga que lo tuyo es ser bailarina de flamenco, niñera en Washington, escritora en Budapest, fotógrafa en Argentina. Visto en el largo plazo, es una ridiculez enorme el valor que damos a los pocos años de universidad para que influyan en el resto de nuestras vidas. Como si ahí realmente se decidiera todo. No se decide nada. Es una mentira bien vendida. 

Definitivamente tengo que buscar las oportunidades por lo cual considero buena opción irme a Estados Unidos, practicar inglés, traer una mentalidad diferente y sentirme segura de lo que quiero.

En “Wear Sunscreen”, el narrador dice que las personas más interesantes que conoce no sabían que querían hacer con sus vidas a los veintidós. Y que algunas de las más interesantes personas de cuarenta que conoce aún no lo saben. No te preocupes. No hay un límite para saber lo que uno quiere ser. Eso es otra invención.

Pero también sé que hay personas que no han necesitado irse a Estados Unidos de niñeras para conseguir “el trabajo de sus sueños” a su regreso a México.

No compares vidas. Desconoces lo que esas personas han vivido. Lo único que conoces a fondo es tu historia y lo único que puedes relativamente controlar son tus decisiones.

No sé si sea la edad, la etapa en la que estoy, pero TENGO MIEDO, no sé si en verdad me estoy equivocando, desviando del camino o simplemente soy un ser humano más que está buscando el medio, no importa cómo sino el porqué. Y básicamente es eso… no sé qué hacer.

Una invitación: no hables en términos dramáticos o serás una persona dramática. El miedo siempre existe en todos. Cómo lo usan los que triunfan y los que fracasan es la diferencia. El miedo es un motor.

Siempre he considerado que eres una persona inteligente y digna de admirar. Eres joven y se nota que muy obstinado. Has convivido con muchas personas diferentes por tu trabajo y por ello creo que tú podrías darme una excelente opinión.

Vengo de una historia con muchos retos, pero siempre he creído que soy capaz de muchas cosas. No tuve las mejores calificaciones de mi clase, ni fui el primero en graduarme. No me interesan cosas que a muchos otros sí. Cuando eres original, la gente lo nota. Cuando eres honesto, también. Tengo miedos, claro, pero no dejo que sean cosas difusas. Los enfoco claramente y los defino para poder abordarlos. Me despido con una gran cita de Robert Heinlein: “En la ausencia de metas claramente definidas, nos volvemos extrañamente leales a las minucias diarias hasta que finalmente quedamos esclavizados por ellas.”

Poco tiempo después, Regina agradeció mi respuesta.

Mil gracias por tomarte el tiempo.

Y me despedí.

Gracias a ti. Por preguntar. A los que intentamos hacer cosas diferentes nos encanta compartir nuestras opiniones e ideas con aquellos que quieren iniciar.

Y vete. Que toda tu alma te lo está pidiendo.

Hoy – cuatro meses después – Regina vive en Washington. Pronto estudiará en Georgetown University.

Es muy feliz.

¿Y tu?

Ausente.

Es difícil asimilar que te fuiste, veo tus fotos y siento que aun estas aquí.

De repente despierto y aun no lo creo, quisiera que fuera un sueño pero no, es real y resulta que ya no estás.

Y todos los días intento salir adelante sin tus abrazos, sin tus ojos que iluminaban los caminos. Intento que todo mi ser trate de comprender tan solo un poco de todos mis por qué’s. Tengo que aprender a vivir con una eterna astilla en el corazón, habituarme al dolor, ser feliz con tu ausencia.

Y aunque se que existes, te extraño hasta desgarrarse cada célula de mi ser.

A veces es más difícil que otras, no por eso no te recuerdo todos y cada uno de mis días. El hecho de que los demás me vean mejor, no significa que ya lo superé, solo aprendo a vivir sin ti.

Pero te suelto, este es el proceso de mi alma, mi carne tiene que aprender del desapego a puntapiés.

Sigue en paz, mi cielo, que ya nos volveremos a ver y haremos vibrar el cielo otra vez.