Archivo por meses: julio 2025

Mi niña cumple seis.

Eran las ocho con cuarenta y dos minutos, hace seis años, cuando vi asomar por primera vez tu cabecita. Estabas naciendo, y el mundo, al menos para mí, se detuvo.

Yo estaba temblando. Tenía miedo, sí. Pero también estaba sintiendo una felicidad que jamás había conocido. Era una mezcla intensa: orgullo, asombro, responsabilidad… y sobre todo amor. Porque en ese instante supe que nada volvería a ser igual.

Me estaba convirtiendo en tu papá. Y eso no es solo un título, Gisselle. Es un compromiso sagrado. Es una promesa silenciosa de hacer todo lo que esté en mis manos para que seas feliz, para que te sientas amada y para que nunca te falte lo más importante.

Hoy cumples seis años. Y aunque has crecido, para mí sigues siendo mi bebé. Esa niña de cachetitos esponjosos que me derrite con una sonrisa, la que tiene mi carita (aunque tú insistas en que te pareces a tu mamá), la que me mira y me desarma.

Si pudiera, regresaría el tiempo para cargarte un poco más, verte dormir más veces, oler tu aroma de bebé con más calma… Pero el tiempo avanza, y lo único que tengo es este presente. Y en este presente te veo y me lleno de orgullo. Eres una niña luminosa, con un corazón noble y una fuerza que impresiona.

No vine a decidir por ti, vine a caminar a tu lado mientras descubres el mundo. A veces me tocará corregirte, otras solo abrazarte. Y siempre, siempre creerte

Tengo que decirte algo muy importante: tu mamá ha hecho una labor increíble. Te ha cuidado, protegido, formado con amor y entrega total. Me doy cuenta la forma en que la miras y te desvives por ella. Que nunca te quede duda de esto: para ella, tú eres su mundo entero.

Ahora empieza una nueva aventura: la primaria. Nuevos amigos, emociones, aprendizajes. Y sé que vas a brillar. Deseo que sigas siendo tú, tal cual: divertida, sensible, curiosa, valiente. Que no dejes que el mundo apague tu luz. Que sueñes en grande y que sepas que estoy aquí, siempre, para ayudarte a lograr lo que te propongas. Cada paso que doy, cada meta que me pongo, tiene tu nombre detrás. Porque quiero que algún día puedas decir con orgullo: “ese es mi papá”.

Gisselle… no hay palabra que alcance para explicar lo que siento por ti. Eres lo más hermoso que he visto. El amor más puro que he sentido. Abrazarte me reinicia, escucharte reír me revive. Ser tu papá me da sentido.

¿Sabes qué significa tu nombre?
Es una palabra antigua que quiere decir promesa.
Y cada vez que te miro, entiendo por qué ese nombre es perfecto para ti.
Porque eso eres:
Una promesa de amor incondicional.
Una promesa de que puedo ser mejor.
Una promesa de que vale la pena vivir con todo el corazón.

Eres mi promesa más grande…
y el regalo más valioso que me ha dado la vida.

Si en algún momento del camino dudas de ti, recuerda esto:
Yo te veo. Te creo. Y te amo con todo lo que tengo

Y si hay otras vidas, te buscaré en todas.

En este universo inmenso y en esta vida que va tan rápido, quiero que lo recuerdes: te amo con todo lo que soy. Hoy, mañana, siempre.

Feliz cumpleaños, mi niña grande.

No ser recordado.

Nos cuesta aceptar que somos pura contingencia. Que no hay un plan mayor, ni un propósito escondido. Que nuestro paso por el mundo es una excepción fugaz en el flujo indiferente del tiempo. Seremos olvidados, no por error, sino por estructura. Lo que no se actualiza, desaparece. Y lo que permanece, pierde sentido.

Desde niños nos instruyen en la idea de trascendencia: dejar huella, hacer historia, tener un legado. Pero tarde o temprano uno empieza a intuir que el mundo no espera nada. Que la existencia no está diseñada para reconocer ni premiar a nadie. Y que eso no es injusto: simplemente es.

No quedará tu obra. Ni tus ideas. Ni los detalles que creíste importantes. Incluso quienes te amaron con fuerza dejarán de repetirte. No por crueldad, sino porque la memoria es biodegradable. Y cuando eso pase, todo continuará. Sin interrupciones. Sin preguntas. Sin sobresaltos.

Y entonces se revela lo insoportable: no hay un testigo último. Ninguna conciencia recogerá tus restos simbólicos. Todo lo que fuiste — deseos, errores, intuiciones — se disolverá sin drama. Serás apenas una idea entre muchas que se agotó. Una página sin lector. Un espectáculo sin público.

No tiene por qué importarte, pero no serás recordado. No dejarás señal. No hay promesa. No hay deuda. Hay solo esto: haber sido, por un instante, en medio del ruido cósmico. Y luego, nada. Como debe ser.